PARA VOMITAR
Falleció asfixiada en sus propios vómitos, desnutrida, con los riñones y los intestinos inflamados, extremadamente delgada.
La muerte de un inocente es el resultado de este caso, que ha conmocionado Alemania. La Audiencia de Hamburgo ha condenado a cadena perpetua a los dos culpables del asesinato de Jessica.
La niña tenía siete años y cuando falleció pesaba nueve kilos y medio. Se arrastraba por el suelo; estaba tan débil que ya no podía caminar. Su padre, de 50 años y su madre, de 36, la mataron de hambre al abandonarla completamente sola en una habitación fría y oscura. Según los forenses, los vómitos provocados por su desnutrición fueron la causa de la violenta y silenciosa desaparición de la pequeña.
Tras las investigaciones realizadas, parece que ni los vecinos ni las autoridades repararon en que esta niña de siete años echaba las entrañas por la boca, hasta morir, en el domicilio familiar.
Serán los padres de Jessica, esos que hicieron lo necesario para darle la vida y para arrebatársela, quienes pasen el resto de su existencia encerrados en la cárcel. Se morirán recluidos, perpetuamente condenados a alimentarse de lo que me parece, es un excrementoso y repugnante comportamiento.

